Por: Susana Mendoza.
FOTO: ONU. Puerto Príncipe entre la devastación, la inseguridad y la falta de comida para los haitianos.
Pareciera que la naturaleza misma le exigió a Haití regresar al cero en su historia. Pareciera, que la naturaleza misma le obliga a la más humilde economía americana empezar otra vez y esta vez hacerlo bien.
Y es que ante la tragedia que asola al pequeño país, los problemas de organización se hacen cada vez más grandes, dando como resultado los saqueos y la desesperación de la gente por intentar comer.
La gasolina empieza a agotarse. La ayuda llega, pero se desplaza a cuentagotas. Y el tiempo se acaba, simplemente porque los cadáveres ya presentan estado de descomposición. La gente sigue durmiendo en las calles, no tienen dónde bañarse ni con qué. No han comido, y los que lo han hecho, no ha sido suficiente como para tranquilizar al organismo, que vive en un constante nerviosismo.
FOTO: ONU. Bill Clinton visita a los sobrevivientes del Terremoto.
Al menos 250 mil personas han resultado heridas. El traslado hacia República Dominicana de aquellos que requieren hospitalización se ha varado ante la falta de personal médico, medicinas y de instrumental, así como de agua potable y luz.
René Preval, el Presidente de Haití, no encuentra respuesta alguna ante el caos que su país enfrenta. Y simplemente no la encuentra, porque nunca planificó un plan que hiciera frente a una crisis como la que ahora viven los haitianos.
Es por esto que ha delegado el control de su aeropuerto a los Estados Unidos. Y muy posiblemente termine por delegar a Estados Unidos el control de los servicios sanitarios, energéticos y la seguridad nacional.
FOTO: ONU. Las manos de los voluntarios se debilitan por la ausencia de comida, y las manos de la ONU son insuficientes para atender a los heridos y levantar los cadáveres.
Las calles de Puerto Príncipe son una morgue al aire libre. Pero también se han convertido en montañas de escombros entre los que va y viene la gente sin encontrar un lugar, un sólo lugar, donde se pueda descansar sin respirar ese hedor a muerte que les dejó no sólo la naturaleza, sino la irresponsabilidad de su gobierno, por no fortalecer sus finanzas.
Haití está obligado a crecer y a cambiar muchas cosas en su sociedad. No es posible que mientras en México el llamado del Gobierno Federal a la población para lograr la ayuda humanitaria que trasladó el buque Huasteco este viernes y la próxima semana lo hará el Papaloapa, así como otras naciones latinoamericanas, que han enviado ya alimentos, ropa, agua, medicinas, aún no llegue a su destino final: los haitianos. ¿Por qué?
Eso mismo hay que preguntarle al Presidente Préval. Qu'est-ce que tu fais avec l'aide étrangère, Rene Préval?
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