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jueves 3 de diciembre de 2009

Ciento siete personas esclavizadas en México en pleno siglo XXI.

Por: Guadalupe Regalado. 


Foto: PGJDF presenta ante los medios a los 23 secuestradores, entre los que figura un abuelo.



Es el colmo que en México haya corrupción, pobreza, desempleo, impuestos altos, una educación paraplégica que no conduce a nada, y ahora.... esclavitud. 


Ciento siete personas fueron rescatadas de las manos de una red de 23  bandalos infelices que se dedicaban a esclavizarles en una fábrica clandestina ubicada en la calle Cuauhtémoc, Colonia Jardines de San Lorenzo, Delegación Iztapalapa, que se hacía pasar por "centro de rehabilitación y desintoxicación".





Las personas rescatadas provenían de doce Estados de la República, siendo la mayoría de ellos indígenas.  





La Subprocuraduría de Averiguaciones Previas Centrales, a través de la Fiscalía Especial de Investigación para Secuestros “Fuerza Antisecuestro” (FAS), informó que las víctimas vivían en condiciones infrahumanas, insalubres, hacinadas y en condiciones extremas de maltrato y explotación sexual. Incluso, varias de ellas fueron canalizadas a diversos hospitales, por evidentes grados de desnutrición y deshidratación, laceraciones e infecciones cutáneas y fracturas, entre otros padecimientos.


Las investigaciones de la PGJDF iniciaron a partir de una denuncia presentada el pasado 2 de septiembre, por desaparición de personas, lo que condujo a las autoridades capitalinas hacia la fabricucha donde se maquilaban bolsas de centros comerciales y pinzas para prender la ropa, cuyas ganancias se repartían entre los 23 esclavizadores.


Una de las víctimas explicó que fue plagiado sobre las 22:30 horas, cuando descargaba un camión de elotes en la Central de Abasto. Varios individuos lo subieron a una camioneta tipo Combi, color rojo, donde viajaban varias personas en estado de intoxicación.




Precisó que el conductor era un sujeto delgado, con tatuajes en ambos brazos, cabello largo y tez morena, al que sus presuntos cómplices llamaban “El Tato” –Francisco Javier Rosales García, de 36 años-, quien los llevó a recorrer las inmediaciones de la Central de Abasto, donde subieron por la fuerza a más personas; en total fueron 13 hombres.




Posteriormente, fueron llevados a un instituto de rehabilitación, de tres niveles: en la planta baja estaba la recepción, oficina y cocina, todo en condiciones insalubres; el primer piso, era el dormitorio general, resguardado con rejas y por las noches las víctimas eran encerradas con cadenas y candados, en ese espacio estaba la recámara de los custodios; el segundo nivel era la sala de juntas y el taller donde hacían la maquila.



El denunciante dijo que cuando llegaron, los despojaron de su ropa y zapatos, para luego meterlos a bañar. Les entregaron ropa usada y fueron encerrados en el cuarto, donde durmieron alrededor de tres horas. Fueron despertados y obligados a iniciar la jornada laboral.



A las víctimas les hacían trabajar desde las 8:00 a.m hasta las 00.00 horas.
Tenían "derecho" de descansar media hora, solamente para comer. El alimento consistía en patas de pollo y verduras, en estado de descomposición.


Así mismo en la denuncia, la víctima comentó de diversos abusos sobre los derechos humanos de estas personas, tales como dejándoles parados e inmóviles por castigo, así como impidiéndoles acudir a un baño para realizar sus necesidades fisiológicas.


El denunciante pudo ayudar a que se hiciera justicia sobre estas 107 personas, gracias a que durante su cautiverio, hizo amistad con otra persona que poco antes fue liberado. Esta persona pudo avisar a la familia de su amigo (aún esclavizado) y fue así como dieron parte a las autoridades.







Por la gravedad del caso, este Centro solicitó la intervención de la Fiscalía Especial de Investigación para Secuestros, cuyos elementos iniciaron las pesquisas hasta establecer la explotación laboral, sexual y la privación ilegal de la libertad de 107 víctimas, cuyas edades oscilan de 14 a 70 años.



Las víctimas, algunas ni siquiera hablaban español, provenían de los estados de México, Veracruz, Oaxaca, Puebla, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Guanajuato, Querétaro, Tlaxcala, Chihuahua y Nuevo León, así como del Distrito Federal, quienes denunciaron que fueron interceptadas dentro y en las inmediaciones de la Central de Abasto.


Sin embargo, algunos afirmaron que fueron sus propios familiares quienes los ingresaron a esa cloaca "pseudorehabilitadora", por tener problemas de alcohol y drogadicción, donde los encargados les informaron que no podían permanecer en el lugar más de tres meses. Pero algunos llevaban ya hasta seis meses encerrados.


A ver quién les enseña a estos secuestradores imbéciles de la Edad Media, que la esclavitud quedó abolida desde el momento en que se declaró la Independencia de México.

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