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miércoles 23 de diciembre de 2009

América Latina a la sombra de los cárteles de la droga.

Por: Susana Mendoza. 




























Dedicado a la memoria de quienes en México han perdido su vida a manos del narcotráfico. 


Colombia, Bolivia,  Perú, México, son sólo algunas de las naciones latinoamericanas acosadas por el tráfico de estupefacientes. El crecimiento del poder de los cárteles de la droga han traspasado la línea de los límites entre el gobierno de cada nación y el derecho a la preservación de las garantías individuales de los ciudadanos. 


La incapacidad de los gobiernos para preservar una economía sustentable que ofrezca a los ciudadanos estabilidad financiera ha provocado entre la gente involucrada, la tendencia a buscar opciones económicas, a pesar de la ilegalidad en la que pueda estar sumergida esa actividad.  


El tráfico de drogas ha abierto las puertas a miles de campesinos que han rentado sus tierras para la plantación de la hoja de coca, marihuana o peyote.  Mientras que su labor se resume a la cosecha de las plantas para su entrega a quienes se dedican a su procesamiento. 


Los laboratorios han sido colocados en lugares inimaginables, incluso, para las propias autoridades federales, ya que no sólo se alojan en casas o viejas bodegas como empezaba a verse en la década de los 90's. El financiamiento de los narcolaboratorios ha alcanzado crecimientos insospechables impulsando a que los cárteles busquen alojarlos en  la alta montaña, dentro de cuevas. Pero no sólo ha manifestado cambios físicos el procesamiento de los estupefacientes, sino también ha evolucionado su desarrollo productivo, reclutando a especialistas de diversos rubros tales como químicos, ingenieros,  abogados. Sin dejar de lado, el establecimiento de relaciones "diplomáticas" entre funcionarios corruptos que faciliten el traspaso de las mercancías entre las aduanas  y la violación a las fronteras.


Mientras tanto, la violencia con la que operan los "cuerpos de seguridad de los capos" encabezados por sicarios, se recrudece día a día en una lucha constante contra el decomiso de las armas y la destrucción del producto final, en aras de una protección inexistente a los mercado de consumo de drogas más grandes del mundo: Estados Unidos y Europa. 


Sin embargo, la protección hacia los consumidores de drogas en esas naciones es invisible ante el evidente atractivo que genera su distribución en los lugares que ya todo el mundo conoce: casinos, antros, bares de pull y aquellos sitios donde está permitido el sexo intergrupal. 


¿Quién entonces es el responsable de que América Latina se desangre ante el combate a los cárteles?


¿Cómo frenar esa cruda batalla ante el crimen organizado, cuando hay millones de consumidores que avalan la producción de las sustancias que degeneran al cuerpo humano de los consumidores y sus funciones?


¿Hasta qué punto vale la pena seguir luchando contra la producción, si  los gobiernos de Estados Unidos y los países europeos han demostrado su incapacidad de detener el consumo?


¿Hasta cuándo va a dejar de pagar América Latina el precio de la inmadurez de las naciones ricas?


Son cuestionamientos que debemos empezar a formularnos todos los ciudadanos,  y balancear ante la ignorancia de los consumidores, que finalmente son ellos los que optan por ver su salud afectada. 


México cierra el año con más de cinco mil muertos por la guerra que el Gobierno Federal  ha emprendido al crimen organizado.  La guerra empieza a pasar la cruda factura de la venganza a los civiles,  a aquellos que ni siquiera están involucrados en los cuerpos de inteligencia,  o tengan antecedente criminal alguno.


En gran parte, esta guerra la libra México para evitar que millones de moléculas de cocaína, toneladas de marihuana y pastillas psicotrópicas lleguen a las calles estadounidenses.  


¿Vale la pena en verdad proteger a los norteamericanos? 


¿No debería ser su ejército el que saliera a las calles estadounidenses a enfrentar la batalla que se cierne sobre México? 


¿Por qué no frena el consumo desde la educación entre sus adolescentes el gobierno estadounidense?


Estos, no sólo son reproches, son cuestionamientos que surgen de la impotencia de ver cómo aniquilan a la familia de un marino que dio su vida por proteger la salud y dignidad de otros.  


Sólo resta decirle a aquellos que son adictos, síganlas consumiendo, realmente su vida y su salud no significa nada para quien les vende sus drogas.  Mientras, México se desangra.

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